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El día que una miahuateca hizo el postre para un expresidente francés

En noviembre del año pasado, Ana tuvo un comensal especial: hasta el restaurante en el que trabaja en Lyon, Francia, llegó François Hollande, el expresidente de ese país, diez invitados y cuatro escoltas. Los nervios la invadieron, pero se controló para poder hacer bien su trabajo: el postre para el hombre que de 2012 a 2017 dirigió a una de las potencias económicas del mundo.

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A Francia llegó a aprender, a ser fuerte, a hacer bien las cosas, recuerda Ana María cada que quiere desistir. Esta determinación la pensó desde que un día difícil en su trabajo la regañaron por una instrucción que no entendió bien.

En febrero de 2018, con 24 años de edad y originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Ana llegó a Lyon, al centro-este de Francia, para iniciar un trabajo que consiguió a través de una empresa de colocación.

Su nuevo empleo sería en el restaurante Le Président, propiedad de Christophe Marguin, un famoso chef francés que heredó el arte culinario de sus antecesores; Ana sería la encargada del área de repostería (pâtisserie).

Desde muy pequeña soñó con conocer el mundo y otras culturas. Es la más chica de tres hermanos y los dos mayores siempre la influenciaron: de ellos escuchaba que sus amigos se habían ido de intercambio a otro país, algo que le causaba mucha curiosidad.

En algún momento de su adolescencia, cuando Ana convivió en la escuela con compañeros extranjeros que llegaron de intercambio, pensó que eso era lo que ella también quería hacer: salir de México, y lo logró.

Primero, cuando aún estudiaba gastronomía en el Instituto Suizo, en Puebla, buscó hacer prácticas en Francia, donde estuvo una temporada y regresó a México, pero esta experiencia le gustó tanto que decidió volver y ahora ya cumplió un año de trabajo en un prestigioso restaurante de Lyon, a casi 500 kilómetros de París, donde es responsable del área en la que se hacen los postres y al que llegan políticos, famosos, empresarios, futbolistas y hasta el expresidente François Hollande.



A principios de 2018, Ana inició un proceso, que pensó sería largo, con una empresa que le ayudaría a encontrar trabajo en Francia, pero la suerte estuvo de su lado: en cuestión de semanas un restaurante en Lyon se interesó en ella y la contrató, por lo que tuvo que hacer los trámites y mudarse rápido.

Cambiar de país, vivir sola y dejar a su familia para buscar hacer realidad un sueño no ha sido fácil para Ana, pero se siente muy satisfecha y contenta porque hasta ahora su esfuerzo ha valido la pena.

“Todavía no creo todo lo que estoy aprendiendo en este año, es pesado, sí me ha costado muchísimo, pero siempre que estoy cansadísima, que salgo a las 12 del trabajo y al otro día tengo que entrar a las 8 de la mañana, pienso todo lo que voy a aprender, la mayoría de los días es un granito de conocimiento y me encanta. Me vine con unas ideas de ‘ah vamos a ver cómo es la repostería para tener las bases’, pero nunca me imaginé que fuera tan bonito”, cuenta.

A Le Président Ana llegó para una prueba de tres meses, pero pasado ese tiempo le renovaron el contrato por un año y es en este trabajo donde ha aprendido no sólo de repostería francesa sino ha puesto en práctica los valores del esfuerzo y de la persistencia.

“Procuro hacer el mejor trabajo, obviamente no siempre todo me sale bien, pero procuro hacerlo bien porque es mi trabajo y porque si soy la única mexicana que conocen quiero que se queden con una muy buena idea de México, porque ellos (sus compañeros franceses) están con una muy negativa”, dice.

Esta joven miahuateca está convencida de que quiere cambiar la percepción que sus compañeros tienen de que proviene de un país violento, por eso les presume todo lo bueno de México y además quiere que la conozcan por ser una mujer a la que le gusta esmerarse por hacer bien las cosas.

Trabaja entre 11 y 12 horas diarias, dependiendo del día o de la temporada, de lunes a viernes, y descansa sábados y domingos, “creo que jamás en la vida podría encontrar un trabajo así, en cocina los fines de semana es cuando hay muchísimo más trabajo, entonces está bueno, me gusta, me gusta muchísimo”, platica.

También resalta que no es lo mismo trabajar en Francia que en México por las enormes diferencias  laborales entre ambos países: con su trabajo aquí puede sostenerse bien y de vez en cuando pasear por algunas zonas de Europa.

Un postre para Hollande

Una noche de noviembre del año pasado, Ana preparó el platillo final de la cena del expresidente francés François Hollande, diez invitados y cuatro escoltas.

Ella supo solo un día antes de la presencia del exmandatario en el restaurante y se puso nerviosa. Le Président cerró a las 11 de la noche al público y a las 12 los empleados recibieron a la comitiva de Hollande.

Ana recuerda que fue, “un momento muy tenso, todo tenía que salir perfecto, el mismo dueño revisaba que cada platillo saliera bien”.

Antes de enviar el postre a las mesas, su jefe los invitó a salir, se tomaron la foto y los empleados de la cocina saludaron a Hollande en un encuentro muy breve, “fue muy amable, nos saludó, nos dio la mano a todos, muy político, sonriente”, recuerda Ana.

Esa noche, el expresidente francés degustó un mousse de chocolate (mousse au chocolat) que Ana preparó.

Ana (extrema derecha) junto al expresidente François Hollande.

Una miahuateca en Le Président

En este restaurante el menú incluye platillos desde, aproximadamente, 20 hasta 50 euros (de 430 a 1080 pesos) si lleva algún ingrediente exótico como ranas. Además, las entradas cuestan entre 15 y 17 euros (325 y 368 pesos), cualquier postre vale 9 euros o 195 pesos y una botella de vino puede costar hasta 600 euros, casi 13 mil pesos.

Hasta este lugar llegan personalidades, futbolistas y empresarios, y para Ana esta es una experiencia que siempre la motiva, “para mí es muy sorprendente, yo me emociono cada que me entero que viene alguien importante a comer, es como que tiene que salir super bonito el postre, por suerte todo ha salido siempre muy bien, siempre nos han felicitado, nos dicen que está muy bonito, muy rico, pero creo que soy la única que se emociona”, confiesa.

Ana en una de sus jornadas laborales.

Ana se considera una persona fuerte, sin embargo, reconoce que le costó mucho adaptarse a su nueva forma de vida, al cambio de cultura, de país y de idioma. El primer mes en Lyon fue el más difícil, de hecho fue terrible, según sus palabras, porque llegó en invierno y la recibieron días sin sol y frío de hasta cinco grados bajo cero, “todos los días eran nublados, ¡uff!, muy, muy frío me tocó”, recuerda.

Además, la presión del nuevo trabajo, de su jefe, de estar sola en otro país, de no dominar el idioma y de haber dejado a su familia hizo que le costara mucho trabajo asimilar que su vida había cambiado, pero hoy a un año de distancia está convencida de que todo su esfuerzo valió la pena y que a pesar de estar trabajando, diario aprende algo nuevo y confiesa llevar ya “un dominio muy bueno de la repostería francesa”.

Pasado el tiempo difícil, Ana ha aprendido a abrirse a una cultura nueva y le sorprende lo diferente que es la vida en México y en un país europeo. Cuenta que una de las cosas que más le llamó la atención es la educación vial y la alimentación saludable de los franceses, además ahora ya disfruta del país cosmopolita al que llegó.

Pero también revela otro de los aspectos difíciles: el idioma, aunque en México lo estudió, llegar a un lugar de nativos hablantes ha sido complicado y cuenta que puede comunicarse pero, aún hay verbos o palabras que no domina y batalla con la ortografía.

Ambiente en Le Présidente.

El valor de la familia

Los papás y los hermanos de Ana han sido un soporte importante para ella. Aunque quizá no les gusta la idea de tenerla lejos, la han apoyado y orientado en todo lo que ha necesitado para lograr lo que se ha propuesto.

“Siempre la familia ha estado conmigo, si llego a tener un día malo, sé que puedo hablar con ellos y voy a recibir apoyo y consejos, me llenan muchísimo de energía, estoy muy agradecida con ellos por todo lo que han hecho por mí”, expresa.

Desde la adolescencia, Ana empezó a prepararse para poco a poco empezar a hacer realidad su sueño: inició a aprender idiomas y en la universidad buscó trabajar y colocarse en lugares donde pusiera en práctica lo que aprendía en la escuela, aunque fuera en el área de servicio porque siempre ha tenido ganas de aprovechar las oportunidades que se le presenten.

Luego, la visión de lo que quiere, la persistencia y el esfuerzo la empujaron a lograr lo que se ha propuesto.

Tarta de limón con cítrico, hecha por Ana.
Sorbete de fresa, sirop de fresa, ganache de chocolate blanco y streusel de avellana.

 

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Karla López
Karla López
Es periodista. Estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha dirigido noticiarios radiofónicos en Miahuatlán; ha sido editora en los periódicos El Libertador de Oaxaca, Capital Oaxaca y coordinadora de la edición del diario Tiempo de Oaxaca. También ha trabajado en medios digitales. Actualmente estudia la maestría en periodismo político.
http://estrechezintelectual.wordpress.com