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Olvidados en la urbe

Deambulando una ocasión  por las calles de esta ciudad capital, Oaxaca de Juárez, noté algo que llamo mi atención, nunca había prestado atención hasta ese día, por la monotonía en la ciudad, creo yo.

Recuerdo haberme acercado a aquella señora que echaba a andar su carrito de paletas y haberle pedido una de nuez, ella me atendió amablemente, le pagué con un billete de 20 pesos, la mujer procedió a sacar de una bolsa pequeña transparente unas monedas, mientras contaba mi cambio, me detuve un instante en el tiempo y la miré fijamente.

La señora tenía entre 65 y 70 años, su piel con miles de arrugas parecía contar mil historias, una mirada tímida, sus cabellos canos, símbolo del paso del tiempo por su cuerpo, un reboso amarrado a su cintura, una gorra que poco le ayudaba para cubrirse del intenso sol y una ligera, pero sincera sonrisa al mirarme y devolverme mi cambio. En ese instante no pude evitar cuestionarme, ¿de dónde saca fuerzas aquella amable mujer para trabajar en esas condiciones tan precarias?, ¿por qué razón estaba ahí?, ¿tenía familia?, ¿cuál era la historia de su vida? 

Quise saber, pero luego temí preguntar, recientemente había leído unas notas periodísticas donde hablaban de varios problemas sociales que viven las personas adultas en México, aquella nota informaba que una gran parte de las personas mayores de 60 años eran despedidos de sus trabajos sin darles pensión para después de retirarse  o seguro médico pese que a que algunos habían trabajado gran parte de su vida en aquellos empleos, debido a esto tenían que buscar la manera de sobrevivir en el empleo informal que implica condiciones miserables para ellos, otros más, que  habían trabajado en la informalidad toda su vida se las veían más difícil, el tiempo destruye la fuerza física de las personas, por lo que en algún momento ya no podrían trabajar mas por cuestiones meramente físicas, ¿cómo vivirán esas personas sus últimos años de vida?

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Un problema más que afecta a los adultos es que los familiares muchas veces los abandonan a su suerte, a algunos otros los dejan en asilos cuando “se vuelven un estorbo”, y ahí mueren olvidados. En los asilos por lo regular sufren más de lo que uno pueda imaginar.

Por todo esto temí preguntar, no quería ofender a aquella señora ni mucho menos recordarle algo triste en su vida, así que solo le regalé mi poco cambio y me fui de ahí sintiendo un nudo en la garganta, todo esto ocurría  en septiembre de 2017, en el Zócalo oaxaqueño se preparaba todo para celebrar la independencia, evidentemente, ella no tenía qué celebrar, en un México tan desigual, aquella anciana vendía paletas bajo el sol mientras otros más por la noche, se preparaban para gritar “viva México” al tiempo de presumir que las cosas estaban cambiando.

Después de ese día camine más atento y noté que ella no era la única allá afuera: había muchos más, un hombre de edad que se ganaba la vida honradamente boleando zapatos; una señora más acompañada de su esposo caminando lentamente vendiendo semillas; otro hombre tocando el violín y disfrutando tanto de las cuerdas que daban ganas de bailar con él y así muchos, pero muchos más.

 Luego de aquello  y siendo un aficionado al dibujo y a la pintura sentí la necesidad de  plasmar el rostro de aquellos hombres  y mujeres y las actividades que realizaban, personas que sin duda hacen que se valore más lo que se tiene, en más de un sentido.

Es así como a través del lápiz, del papel , de la pintura y  el color nace la idea para esta exposición, así nace “Olvidados en la urbe”, porque realmente están olvidados, olvidados por su gente, olvidados por nosotros, olvidados por instituciones que no se han esmerado en crear una vida digna para la gran mayoría de adultos mayores en México, en fin olvidados en la urbe.

 A través de mi trabajo rindo homenaje a estos hombres y mujeres de edad adulta que pese a todas las adversidades no se dejan derrotar y salen como se dice en México, “a buscar el pan de cada día”, diario, hasta que quizá, la voluntad de algún “Dios” o la fuerza de su cuerpo no les permita seguir. Espero con mis obras transmitir esta sensación, esta sacudida que con palabras no se puede describir con exactitud. 

                        

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