Con un jugo verde la mandan al hospital

El lunes 8 de enero, Lorena* estaba como de costumbre en su negocio de ropa: sentada esperando a que alguien entrara y se interesara por alguna prenda. A eso de las dos y media de la tarde atendió a un hombre que no sólo no le compraría sino que terminaría vendiéndole un jugo verde que la mandó al hospital.

“Entró un señor como de 45, 46 años, un señor así como humilde, de ranchería, llegó preguntando por un pantalón”, relata Lorena, luego de pedir con desconfianza a la reportera que se identificara con una credencial oficial para poder contarle lo que le sucedió hace dos días.

El hombre de complexión robusta y corte tipo militar le dijo a la comerciante que necesitaba un pantalón más grande porque las tallas que estaban en exhibición no le quedarían a su esposa porque es “muy gorda”. Segundos más tarde dejó de observar la ropa y se dirigió a la dueña de este comercio ubicado en la calle Zaragoza de Miahuatlán de Porfirio Díaz, a una cuadra del jardín municipal.

Ya de frente, le preguntó si tenía hijos a lo que Lorena contestó que sí, entonces el que pensó sería un cliente más le comentó que era médico y que vendía jugos verdes. A la mujer de 42 años le pareció extraño, “lo miré y pensé que por lo regular un médico siempre anda limpio”, dice.

El hombre siguió la plática, le habló a Lorena de várices, estrías y “cosas de mujeres” para después decirle que hacía jugos verdes y que los vendía por las calles del centro de Miahuatlán, “como me aseguró que me iba a comprar varias prendas para su esposa, pues pensé en también yo comprarle un vaso de jugo”, recuerda Lorena sentada en la misma silla que el lunes le sirvió de apoyo para no caer al suelo después de consumir la bebida y sentirse mal.

Al aceptar comprarle un jugo el hombre le dijo que enseguida se lo traía, se fue y regresó aproximadamente media hora después, “a mí ya hasta se me había olvidado”, cuenta Lorena y agrega: “‘pruébelo’ me dijo el señor, ‘está muy bueno’ y la verdad estaba muy bueno eh”.

Enseguida el hombre cobró a la comerciante 15 pesos por el jugo y le dijo que le había hecho un descuento porque su precio normal es de 35 pesos; instantes después se fue sin comprar ninguna prenda.

En el vaso chico de la bebida verde que consumió, Lorena pudo distinguir los sabores del apio, nopal y perejil, nada más.

Inmediatamente después de beber el pequeño vaso de jugo Lorena empezó a sentirse rara: primero fue una especie de hormigueo en el cuerpo. En eso llegó su hermana, le dejó su comida y se fue. Algunos minutos después a la tienda arribó una amiga, se dieron el abrazo de año nuevo, empezaron a platicar y en eso Lorena empezó a tener dificultad para respirar, ver borroso y a sentir que las piernas y los brazos no le respondían, estaba como ella dice “desguanzada”.

Su amiga pidió ayuda a los familiares de Lorena y la llevaron a varios médicos particulares que indicaron que no podían hacer mucho por ella, que era necesario ir a un hospital. En el camino decía cosas incoherentes y tenía alucinaciones: veía gente que no había.

Finalmente, en una clínica particular le realizaron dos pruebas antidoping una de sangre y una de orina. Las dos fueron negativas, “es muy extraño, muy raro”, confiesa Lorena sobre los resultados de las pruebas. Lo que los doctores dijeron es que le bajó mucho la presión, pero ella se lo atribuye a la ingesta del jugo que le vendieron y que traía “algo”. La mujer afirma que no había tenido un cuadro como el del lunes, que sufre de presión baja, pero que nunca se había sentido tan mal como ese día, inmediatamente después de terminarse la bebida verde.

El lunes por la tarde y el martes por la mañana Lorena permaneció en el hospital. Hoy regresó a abrir su local, aún con las secuelas que afirma tener después de la crisis, y trabaja con normalidad, pero tendrá que estar en revisiones y por el momento se siente muy débil, cansada, sin apetito y con dolor en los brazos.

Por último, Lorena afirma que no interpondrá una denuncia penal por los hechos porque son procesos muy largos y requieren de dinero y tiempo que no tiene, sin embargo, aceptó hacer pública su situación, primero en su perfil de Facebook y ahora concediendo esta entrevista, para pedir que aumente la seguridad en el municipio y que se inspeccione a los vendedores ambulantes, además para alertar a la población de que hay un grupo de personas que con un jugo intenta cometer algún otro delito como robo, violaciones o incluso extracción de órganos; y es que en el momento de la crisis en su local, cuando Lorena estaba siendo auxiliada por su amiga, tres mujeres extrañas y que no son de Miahuatlán entraron a la tienda, sin embargo, al ver que llegaban más personas para ayudar optaron por irse.

*Lorena es un nombre ficticio para proteger la identidad de la mujer que prefiere el anonimato. 

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