Mezcal como agente embrutecedor

Nunca he sido afecta a disfrutar las fiestas del 3 de octubre en Miahuatlán de Porfirio Díaz. Sinceramente, es una celebración que no me llama la atención: no me gusta el modo vaquero, la música de banda y en general el ambiente de esta celebración. Y es normal porque es una cuestión precisamente de gustos: no me pasa y ya. Sin embargo, reconozco el valor de la gesta heroica que se libró por estos lares en 1866.

De unos años para acá la celebración incluye una feria del mezcal en la que participan, en su mayoría, embotelladores y comercializadores. Los stands se instalan en el acceso al jardín municipal de la calle Benito Juárez y ahí expenden “gavilanes” y copas de la bebida pura.

Aunque Miahuatlán es un distrito importante en la producción de mezcal, en esta feria no se concentran los mezcaleros miahuatecos, es decir, (excepto algunos casos), uno no puede comprar el producto directamente con quien lo trabajó, sino con revendedores.

Este año fui a dar una vuelta por el evento y, claro, a consumir algunas copas de mezcal, pero me llevé una desilusión. Lo primero que se nota es la falta de organización: que incluye un espacio muy pequeño en el que llega el punto en el que no se puede caminar por la concentración de gente o de plano tratar de avanzar a empujones.

La segunda cosa que no me gustó fueron el volumen y el tipo de música: había un sonido en el que de repente alguien mandaba saludos y desde el que sonaban también canciones de banda que se confundían con el ruido que provenía del jardín municipal donde se realizaba un baile popular.

Al mezcal hay que respetarlo. Tanto en el consumo como en las formas. Si de embrutecer a las personas se trata, la feria del mezcal 2017 logró su objetivo porque incluso vi que menores de edad que tomaban con rapidez una copa tras otra. Esa noche parecía que era la única en la que los consumidores que ahí se concentraron tenían para beber. Lo hacían con ansiedad, con un montón de refresco, limones y sal.

Para mí una copa de mezcal debe tomarse con calma, de pie o sentado, con uno o varios buenos acompañantes, con música en su justo volumen o sin ella, con una plática amena, incluso en silencio, pero no de la forma en la que lo hicieron muchos el pasado 3 de octubre, en medio del caos.

La responsabilidad de un evento tan poco disfrutable es compartida: de los organizadores, de los comercializadores y, por su puesto, de los consumidores a quienes, al parecer, sólo les gusta embrutecerse.

 

 

About the Author

Karla López

Es periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha dirigido noticiarios radiofónicos en Miahuatlán; editora en los periódicos El Libertador de Oaxaca, Capital Oaxaca y coordinadora de la edición de Tiempo de Oaxaca. También ha trabajado en medios digitales. Actualmente estudia la maestría en periodismo político.

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