Celebración entrañable

Caminar por las calles del centro de Miahuatlán de Porfirio Díaz es encontrarse con historias de  decenas de familias que por generaciones se han dedicado a la elaboración y venta de los productos que hacen de Todos Santos o Día de Muertos una celebración entrañable y muy tradicional.

Entre cañas, flores de cempasúchil, jícamas, pan con carita y calaveritas de azúcar  se encuentran los miahuatecos que expenden lo necesario para ofrendar a los seres queridos que se adelantaron en el camino incierto de la muerte.

En este municipio hay más de cien panaderos, es pues este oficio uno de los que más se realizan en la población y en esta temporada realza mucho más porque las ventas incrementan debido a la tradición de poner en el altar de muertos un pan de yema o mantequilla o deleitar a los compadres con algunas piezas.

Mientras camino por el centro de Miahuatlán, a las afueras del mercado Orfa Bohórquez me encuentro con varios puestos de pan, entre ellos está el del señor Abraham López Aguilar de 65 años, me acerco y para platicar con él tengo que esperar a que termine de descargar un canasto que viaja sobre un “diablito”.

¿Desde cuándo hace pan?, le pregunto -¡uuy desde que nació!- Se adelanta su esposa a contestar, quien es la encargada de atender el puesto.  Don Abraham me cuenta que el negocio era de su papá y que desde siempre ha trabajado en él. Este panadero miahuateco elabora pan de yema, amarillo y mollete, pero en estos días el pan de carita es el que más vende “es el que más demanda la gente por la tradición”, además asegura que esta es una temporada de mucho trabajo.

El señor Abraham sólo vende sus productos en su puesto “La espiga dorada” que está en este mercado. Recientemente, las ventas han disminuido y don Abraham piensa que el alza de los precios es la razón,“porque ha subido el material, sube el producto” dice. Le cometo que veo bastante  competencia, a lo que entre risas me contesta “pero la población es grande y hay que hacer para todos”.

Don Abraham y su familia en su puesto de pan.

Atrás  quedaron los vendedores de pan de yema, ahora llego a la parte de los dulces regionales donde resaltan las coloridas calaveritas de azúcar, en un puesto con mucha tradición se encuentra Rocío Barajas Sánchez, una miahuateca que se dedica a la elaboración de una de las curiosidades que no puede faltar en la ofrenda para recibir a los difuntos. Mientras la entrevisto llegan clientes a comprar pues estamos en la víspera de los muertos.

-Me da diez de corazones, le pide una señora.

Durante todo el año esta dulcera, como comúnmente se les conoce, realiza mamones de marquezote, corazones, roscas, nenguanitos, polvorones, culebritas, cocadas, gollorías, higos, biznagas y chilacayotas, pero en estos días lo que más vende son las calaveritas, angelitos y cruces de azúcar y además dulces de licor de anís.

-¿A cómo estos?, le pregunta otro comprador.

– A diez, responde Rocío.

Todas las figuritas que se encuentran en este puesto que se ubica en el jardín municipal, son hechas por  manos miahuatecas, Rocío comenta que es un trabajo familiar y que heredó de su bisabuela Melesia Carrera, por lo que su abuela, madre, tías, primos y sobrinos han retomado la tradición de elaborarlas.

Rocío me cuenta cómo realizan las calaveritas: “pones almidón a cocer en el horno de leña, haces unas capas de más o menos 10 centímetros, depende de la figura que vayas a hacer, se ponen los moldes, se pone a cocer el azúcar de primera, tiene que llevar un punto de cocción porque si te pasas o falta cocimiento no sale la calavera; vacías el azúcar en los moldes, los tapas con almidón y se tapa por días, depende mucho también la humedad para que sequen”.

Después viene lo más divertido: adornar cada una de las calaveritas, para darles color utilizan pintura vegetal, “todo es trabajo manual, lleva mucho esfuerzo y nada te lo hace una máquina”, comenta. Rocío asegura que recientemente las ventas han disminuido en comparación con hace algunos años cuando vendían miles de cada una de las piezas porque “se van perdiendo las costumbres”, dice.

Es el 30 de octubre, cuando se realiza la Noche de Flores, que dura 24 horas, el día que Rocío vende más, “la tradición es que si tienes un bebé que haya fallecido le pones un angelito; los azules son niños y los rosas niñas, depende también el dinero que se tenga, si no tienes pones chiquitas, pero si tienes suficiente pones grandes”. Una calavera de azúcar mediana cuesta 70 pesos, pero hay desde 10.

Así, Miahuatlán de Porfirio Díaz se prepara para vivir una de las festividades más antiguas de México: el Día de Muertos. Vivir estas fechas es este municipio es un verdadero agasajo, pues no sólo se recuerda a los que se adelantaron en el camino de la muerte, sino se deleitan los sentidos de los vivos con sabores, olores y el recuerdo de aquellos que murieron, pero que, quizá, algún día volvamos a encontrar.

*Crónica publicada originalmente en el periódico Tiempo de Oaxaca en octubre de 2014

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About the Author

Karla López

Es periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha dirigido noticiarios radiofónicos en Miahuatlán; editora en los periódicos El Libertador de Oaxaca, Capital Oaxaca y coordinadora de la edición de Tiempo de Oaxaca. También ha trabajado en medios digitales. Actualmente estudia la maestría en periodismo político.

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