Frank Coronado, apropiándose de Oaxaca con su fotografía

Por: Osiris C. López Ramírez
@abundarte

En un mundo digital, obsesionado con los números y el conteo de visitas, sus más de 129 mil seguidores en Instagram pueden impresionar. Sin embargo, la impresión más grande y la más cautivadora es aquella que se produce al conocer su trabajo: a través de su lente Frank Coronado nos invita a observar lo que a simple vista no se ve, lo que su sensibilidad creativa le provoca: su amor por Oaxaca y por la fotografía.

Defino esta entrevista con cuatro ironías. La primera: me comunico por teléfono con Frank para hablar sobre su trabajo, usamos la voz para platicar sobre algo que parecería ser meramente visual, él desde su casa en la ciudad de Oaxaca y yo en un patio de La Ciudadela en la ciudad de México: esta biblioteca, así como gran parte de Oaxaca tienen cosas en común. Sus muros, que datan de una época colonial, se adornan con bellos detalles de cantera que invitan a resguardarse y a perderse.

Y eso es lo que ha hecho Frank Coronado en Oaxaca: perderse. En el mejor sentido de la palabra, claro, le gusta recorrerla con su cámara dispuesta, siempre con el ánimo de disfrutar y vivir la cultura, las tradiciones, el folclore de uno de los estados más fascinantes de la República.

Frank se pierde en sus calles, en sus templos, sus museos, en sus pueblos y se resguarda bajo la calidez de la gente que los habita. Y si México es un país fotogénico, Oaxaca se pone aún mas de pechito: sus paisajes naturales, sus edificios, la ropa, la comida, sus fiestas, incluso hasta en sus basureros logra encontrar imágenes poéticas. Juntos, Frank y Oaxaca, delicia creativa.

“Me gusta poner acción a las cosas” dice, cuando habla de que prefiere hacer fotos con personas en ellas, “fotos del templo de Santo Domingo hay muchas, pero lo que yo hago es capturar eso que lo inanimado por sí sólo no proporciona”, suelta.

Segunda ironía: Frank usa gafas, necesita lentes en su vida diaria para poder funcionar, “sin lentes veo todo borroso” dice, pero “la falta de vista hace enfocar más, se pone más atención en los detalles”. Carece de buena vista y, sin embargo, tiene una gran visión, o al menos una que ha provocado la admiración y el reconocimiento de quienes valoran su trabajo, el cual ha sido publicado en medios editoriales como las revistas Vogue y National Geographic, donde no sólo colabora con fotografías sino con videos y artículos.

También le gusta escribir: en las fotos que comparte en su blog  y en su cuenta de Instagram suele aportar un plus, “no es explicar las fotos” menciona, más bien le agrada contextualizar con un marco que las acompañe, ya que las imágenes hablan por sí mismas. Y me quedo pensando en eso: una buena foto debe ser lo suficientemente poderosa como para valerse sin la necesidad de las palabras. Así como la escritura, también ha explorado la pintura, el diseño e incluso el periodismo gráfico cuando fue joven.

Frank también es un viajero, así que no puede evitar compartir consejos sobre los lugares que visita y que le encantan, tips de cómo tomar mejores fotos, sugerencias de comidas y bebidas. En sus redes, documenta sus viajes y con ello invita a sus lectores a hacer lo que él mismo hace: disfrutar los lugares, vivirlos, hacerlos suyos.

Eso hace en las calendas oaxaqueñas: no sólo toma fotos, también baila, bebe mezcal, recorre las calles con el convite. No desperdicia la oportunidad de ser parte de la algarabía y de la fiesta, del jolgorio que lo seduce y ante el cual no se resiste.

Frank Coronado estudió la licenciatura de Diseño Gráfico en la Universidad Iberoamericana en la ciudad de Puebla, pero su constante búsqueda, instigada por la curiosidad que hereda de su familia de artistas plásticos, lo ha llevado a explorar su propia veta creativa. Ha tomado cursos de fotografía con la instrucción de grandes personajes, entre ellos Mary Ellen Mark de quien aprendió a transmitir el sentir de la gente, cuenta.

En 2016 Vogue USA, quizás el medio más importante en cuanto a moda se refiere, lo contactó para pedirle la realización de un video que mostrara una tradición oaxaqueña que se enfocara en la vestimenta usada y en el tema generacional, hecho que, confiesa, “me emocionó mucho”.

La primera toma de ese breve video muestra a una China Oaxaqueña atravesando la pantalla mientras recorre una calle con muro de adobe detrás de ella, el sonido de las campanas la atrae, le sigue corriendo una pequeña niña, la imagen denota el tono pintoresco de una relación madre-hija, y el sentido del humor que posee Frank Coronado.

Tercera ironía: Frank no nació en Oaxaca, aunque de raíces oaxaqueñas, vio la luz por primera vez en Monterrey, Nuevo León, pero se ha criado y radica en Oaxaca, se ha apropiado de esa tierra que tanto ama y de la que se siente orgulloso. Con cada recorrido que hace por el centro histórico y con cada brindis de mezcal, reafirma eso de oaxaqueño que lleva en la sangre y que aunque no aparece en su acta de nacimiento, sí se nota en su espíritu que celebra el color y la diversidad que escurre por todos y cada uno de los pixeles de las imágenes que capta.

Con una cámara Frank Coronado pretende arrancar de la realidad una interpretación que pasa por sus ojos y su sensibilidad, así la cuarta y última ironía de esta entrevista es que lo escucho emocionado de platicar con alguien que se interesa por su trabajo, a pesar de haber colaborado en medios especializados en fotografía como Cuarto Oscuro y Fahrenheit Magazine; su voz es la de un hombre que está agradecido con Oaxaca, con su familia y con la vida.

Aunque aún no he estrechado la mano de Frank hasta aquí percibo su calidez, a través de su trabajo, y sus fotografías. Ese es el poder del arte: conmover aún en la distancia.

Frank no nació en Oaxaca, pero esta entidad lo inspira.

Una calenda, inmortalizada por la lente de Frank.

El fotógrafo retrata los paisajes que hacen de Oaxaca un paradisiaco lugar.

Las Chinas Oaxaqueñas danzando delante del templo de Santo Domingo.

Fotografías reproducidas con el permiso del autor. 

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