Comedor Comunitario funciona sin techo

Un remolino de diciembre del año pasado dejó sin una parte del techado de lámina al Comedor Comunitario del barrio del Cerrito en Santo Tomás Tamazulapam, en la Sierra Sur. Desde entonces, hace seis meses, 53 niños beneficiarios del programa reciben sus alimentos en las condiciones que disponga el clima de cada día: actualmente, entre la lluvia y el viento.

Pero esa no es la única deficiencia de las instalaciones de este comedor o cocina comunitaria: una lona desgastada con el logotipo del DIF estatal anuncia que en esa construcción que no tiene baño, una parte de techo ni ventanas, y que sus paredes son de tabla de madera con orificios por los que se filtra el aire, se aplica el programa de la Cruzada Nacional Contra el Hambre del gobierno federal.

Desde antes de que el viento se llevara una parte del techo de lámina del espacio donde comen los niños, las integrantes de los comités de este comedor han enviado solicitudes a diversas instancias, incluida el DIF estatal, órgano responsable del funcionamiento del programa, para que los niños de esta comunidad tengan un espacio digno donde comer.

Las integrantes de los comités de operación afirman que solicitaron apoyo  al presidente municipal de Santo Tomás Tamazulapam, quien se comprometió a buscar los medios para iniciar, en abril pasado, una obra de concreto que sustituya a la actual, hecho que no sucedió, “nosotros fuimos y les dijimos, pero así nos traen de que ‘ya vamos a ir, ya vamos a hablar’, pero no hemos tenido una respuesta real de la autoridad, queremos que alguien nos haga caso”, expresa una mujer preocupada por la situación de esta cocina.

La petición de los integrantes del comité es clara: solicitan una construcción firme para los niños que, a pesar de las condiciones actuales, no dejan de acudir a este lugar a recibir sus alimentos, “queremos ver un avance para lo cocina, porque no es algo digno que estén así los niños”, agrega otra integrante de uno de los comités.

De acuerdo con su testimonio, las señoras que operan este comedor cocinan y lavan los trastes en medio de la lluvia para poder atender a los niños, ya que carecen de instalaciones adecuadas para realizar su labor.

Además, comentaron que las tablas que hacen la función de paredes fueron puestas hace más de seis años y ahora están en malas condiciones y frágiles, “el presidente de ese entonces nos la construyó pero no es una madera buena, medio la hizo, medio la construyó, nada más para cubrir las apariencias”, señalan.

En la búsqueda de apoyos, los comités de esta cocina acudieron al delegado del DIF estatal en la Sierra Sur , Julio César Hernández, quien visitó las instalaciones, tomó fotos y les pidió un mes para “gestionar” con diputados los recursos y hacer una construcción de tabique, sin embargo, él tampoco ha regresado.

Las beneficiarias del programa solicitan un lugar adecuado para atender a los niños, donde no les toque ni el agua de la lluvia ni el viento, además exhortan a sus autoridades municipales a que les ayuden en la gestión, ya que ellas no cuentan con recursos, transporte ni tiempo para trasladarse a la ciudad de Oaxaca y tramitar los apoyos que necesitan.

“Ellos (las autoridades municipales, estatales y federales) no han visto que esto sea una necesidad, pero nosotras como estamos aquí diario, es algo que ya está muy difícil cocinando bajo de la lluvia”, agregan.

Antes, la lámina ya había sido picada por la caída de granizo de otras temporadas de lluvias, hasta que de plano el viento de diciembre del año pasado se llevó parte del techado, “queremos que vean realmente la necesidad que hay. Esto ha sido desde siempre, año con año, comité tras comité ha solicitado el apoyo, pero hasta el momento no ha llegado. Los niños de aquí también tienen necesidad. El gobierno anuncia que apoya las cocinas comunitarias pero ¿dónde está el apoyo? ¿a quiénes apoya y a quiénes no? Los invitamos a  que vengan y que vean estas condiciones”, propusieron a las autoridades las beneficiarias del programa en esta parte de la Sierra Sur.

Un aula, otra obra postergada  

En el barrio del Cerrito no sólo la cocina comunitaria tiene necesidades, pues los padres del preescolar Sor Juana Inés de la Cruz llevan años realizando la solicitud para que los 16 alumnos que asisten a este centro escolar cuenten con una escuela de concreto, ya que la única aula que tienen es de lámina que ya está en muy mal estado, por lo que temen que con los fuertes vientos que corren en esta comunidad ocurra algún hecho que lamentar, “entonces sí las autoridades vendrían rápido, pero nosotros queremos evitar eso”, afirmó un padre de familia.

Los tutores de los alumnos de este plantel confesaron estar desilusionados de seguir los procesos de gestión porque en algún momento su proyecto, el de construir un aula de material resistente, había sido autorizado, pero por no contar con un terreno con las medidas suficientes los recursos no llegaron para realizar la obra. Mientras, los alumnos del preescolar estudian en un espacio cerrado por láminas y alambres.

Desde diciembre pasado, el viento desprendió una parte del techado y así opera la cocina.

En el área de cocina también se filtra el agua de la lluvia.

Por la falta de espacios adecuados, las encargadas de la cocina lavan los trastes al aire libre.

El baño del preescolar.

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