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Inés, la Little Edie miahuateca 

Y los muchachos del barrio le llamaban loca, y
unos hombres 
vestidos de blanco le dijeron “ven”.
Y ella gritó: “no señor, ya lo ven…
Yo no estoy loca, estuve loca ayer,
pero fue por amor”.

Hay momentos en que la belleza suele ser tal que sólo en la muerte logra encontrar redención: la fatalidad alimenta el misterio de los grandes personajes. Pienso en eso cuando recuerdo a Inés.

Inés la persona del caminar constante, la mujer que cantaba, la niña que bailaba… hasta en su muerte cargó con cierto enigma; un misterio digno de la excentricidad que encarnó mientras vivió: su comportamiento, su vestuario, los detalles en su arreglo, su andar, e incluso su talento, son ahora un recuerdo en quienes tuvimos la oportunidad de conocerla.

Inés fue, sin duda, una mujer sensible y creativa: le gustaban las artesanías, las manualidades, las expresiones artísticas; bailaba con entusiasmo, cantaba con pasión, tejía (bufandas y gorros de estambre), hacia piñatas, pintaba caritas (que también hacía) para el pan de muerto, incluso llegué a verle hojas donde escribía.

Me atrevo a decir que poseía un sentido interesante en su vestir: si la moda trata de impactar…ella nunca dejó indemne a quien la mirara: solía combinar texturas, telas y prendas en formas que pocas mujeres se atreverían: ella era una mujer atrevida. Solía maquillarse el rostro con especial detalle en sus mejillas: siempre sonrojadas, con tonos rosas, como los de una niña que se apena ante un piropo, como los de una jovencita que está lista para un baile, como los de una mujer que está a punto de casarse. Inés fue todas ellas, Inés fue ninguna.

Acostumbraba usar calcetas coloridas e incluso doble, tal vez por el frío, tal vez por imponer estilo. Al igual que Little Edie, hoy vemos cómo lo que para algunos suele ser anticuado, e incluso ridículo, marca tendencia en el mundo de la moda. Muchos deambulan por las calles siendo incomprendidos.

Desde que supo mi nombre (Osiris) siempre me llamó por él, me ofrecía en venta flores de colores que hacía con papel, y con las que se adornaba el cabello gris que la caracterizaba, en una ocasión me tejió un gorro estilo chavo del ocho. Yo la traté con respeto y de la misma manera me trató siempre.

Conocía mi nombre y mi fecha de nacimiento: bastó decírselo una sola vez para que nunca lo olvidara, tal vez por la asociación con la virgen de Juquila (8 de diciembre). Cuando me veía en mi panadería solía entrar y como un cliente más, tomaba una charola para sus panes, yo se los contaba, ella a veces tenía dinero, a veces no, cuando no tenía me contaba alguna historia para evadir el pago, pero nunca me molestó, creo que en algún momento fuimos amigos, me agrada pensar que cuando me veía, me veía como alguien que no la molestaba, ni se burlaba de ella.

Yo no me atrevería a criticar sus momentos más terribles (porque sé que los tuvo) pues ¿quién está exento de sus propios demonios?, ¿quién está libre de contar con familiares o amigos que padecen algún desorden emocional o mental?  Tal vez eso es lo propio de nuestra naturaleza humana: el combate diario, hora tras hora, contra lo que nos atormenta desde adentro, batalla ante la cual algunos son más capaces de lidiar y salir victoriosos. Yo no me atrevo a criticarla porque conozco momentos de ansiedad y de tristeza, conozco el enojo y la alegría, conozco la lucidez y también conozco la locura.

Para algunos simplemente era una “loca” para mí era una mujer excéntrica. Muchos en Miahuatlán le temían e intentaban apaciguar sus temores burlándose de ella. Yo la conocí como Inés, y tal vez ese ni siquiera era su nombre, después supe que tenía otro, aún no sé con certeza cuál era. Sin embargo, hoy eso tiene sentido: ella, intencionadamente o no, alimentaba el personaje, porque, o querida o temida, no se puede negar que eso es lo que era: todo un personaje. Hoy,  al enterarme de la manera en que murió, la recuerdo como “La Little Edie miahuateca.”

¿Quién fue Little Edie y por qué la comparo con Inés?

Edith Bouvier Beale, mejor conocida como Little Edie, fue una mujer estadounidense que murió a los 84 años de edad, y que fue encontrada en su casa cinco días después de haber fallecido.

Little Eddie, prima de Jackie Kennedy (la exprimera dama de EU), saltó a la fama cuando un documental mostró la decadencia en la que vivía con su madre Big Edie en Grey Gardens, la casa en East Hampton, Nueva York, donde convivían entre gatos, basura y maleza. El documental también mostraba el singular estilo para vestir de Little Edie: “me gusta usar faldas [largas] porque puedo quitármelas y usarlas como capas” llegó a decir.

Little Edie es un icono para la moda, ha inspirado a grandes diseñadores (de la talla de John Galiano), y hay incluso una película y un musical que se estrenó en Broadway que se basaban en ese episodio de su vida.

Y ese es precisamente el poder del personaje: pues es tal el ingenio y la fuerza que poseen que son capaces de alimentar la imaginación de otros artistas; diseñadores, escritores, cantantes, e incluso pueden llamar la atención de los periodistas. Todo gran mito necesita tomar fuerza de sus singulares personajes.

Así como Little Edie, Inés poseía un estilo singular al vestir y al comportarse, Edie cubría su cabeza con pañoletas y capas, Inés con gorros que ella misma bordaba y así como Little Edie, Inés también fue encontrada en su casa varios días después de haber fallecido.

Escribo esto con respeto a la persona y a la familia de Inés. Pude conocerla un poco, lo poco que ella me dejó conocer. Y ese poco es suficiente para recordarla con cariño. Hasta pronto Inés…mi “Little Edie miahuateca”.

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Osiris C. López
Osiris C. López
Estudió filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Actualmente, está en el proceso de obtener el título, sin embargo, afirma, el papel es algo que le tiene sin cuidado. Lo que sí le importa es estar siempre en contacto con las letras, esas que leyó desde niño y que ahora maneja para crear historias, sus historias.