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Doña Gude, una miahuateca que cura de empacho 

Doña Gudelia López García tiene 87 años de edad, pero por la lucidez con la que platica aparenta tener menos. Desde hace más de tres décadas esta miahuateca se ha dedicado a curar de empacho a los niños, es decir, cuando tienen diarrea, vómito, se les quita el hambre o no pueden hacer del baño.

Con epazote, hierba buena, hinojo y otras ocho hierbas, doña Gude, como también la conocen, prepara un té curativo que da a tomar a sus pacientes, después les soba el estómago y la espalda, y por último les coloca barro, un ingrediente al que le tiene mucha fe y que, dice, es “maravilloso”; con esos tres procedimientos el pequeño volverá a comer y a sentirse bien.

Todos los días, de 9 de la mañana a una de la tarde, en la calle Benito Juárez de Miahuatlán de Porfirio Díaz, la señora Gudelia atiende a los niños que requieran de su sabiduría con las plantas, el barro y sus manos, un conocimiento que heredó de su abuela, quien también curaba de esta forma.

Doña Gude cuenta que este no era su oficio hasta que le llegó una niña que lloraba mucho y recordó el té y el masaje con los que curaba su abuela, entonces lo aplicó con la pequeña y al otro día se dio cuenta de que el remedio había funcionado porque el malestar desapareció.

Después de ese día, empezaron a llegar a su casa más personas para que curara a sus hijos porque su remedio se esparció entre la población y es así como se ha difundido su trabajo, “todo Miahuatlán sabe, vienen y dicen me mandó fulano que dice que usted curó a su niño y que sanó”, cuenta y agrega, “sanó gracias a Dios”.

Fe y conocimiento ancestral
Y es que doña Gude es una mujer de fe y afirma que las hierbas y Dios son los que curan,  “al Espíritu Santo le pido: baja conmigo a curar a mis niños, es la fe que le tengo y a la Santísima Virgen, me oye diosito”, afirma, sin embargo, es también una experta en las hierbas: sabe de sus propiedades y de las cantidades que debe poner a un té, dependiendo del niño que vaya a curar.

Doña Gude cuenta que después de empezar a curar con té y la sobada, vio en un libro sobre las cualidades curativas de la tierra virgen, o barro, “se moja con agüita, se pone en papel o hierba santa en el estómago y adiós calentura”, dice.

Desde entonces, el barro también forma parte del proceso de curación que realiza en un cuarto de su casa que destinó para su trabajo, donde tiene una cama matrimonial, una banca y una mesa con los santos que las personas le han regalado, además de una fotografía del día de su boda.

Una forma de vida
Para doña Gude la medicina tradicional, heredada de sus antepasados, es una forma de vida, pues así curó a sus hijos y nietos, además cuando tenían anginas o dolor de garganta les sobaba el brazo para deshacer una cuerda que conecta con el oído y la garganta, y el malestar desaparecía.

Sin embargo, a los papás de sus pacientes siempre les pregunta si ya llevaron al niño al doctor, a lo que la mayoría contesta que sí, pero que no han tenido éxito, incluso algunos llevan consigo la medicina, por lo que doña Gude sabe que ahora es su turno y el de sus hierbas.

Experiencia que cura
Esta miahuateca no tiene conocimientos en medicina, ni estudios sobre el cuerpo humano, sin embargo, sus años de experiencia le han dado la capacidad de darse cuenta cuando un niño tiene empacho y que su método lo ayudará a sanar.

Por su sabiduría, incluso médicos han recurrido a ella, ya que con sus conocimientos no han podido curar a sus propios hijos, situación que a doña Gude no la pone nerviosa, pues confía en su proceso y finalmente los cura, y hace que desechen aquello que les causa el malestar, cuenta que los niños han arrojado una infinidad de cosas después de su curación como plástico, monedas, papel e incluso cabello.

“Esa fue mi vida, porque mi esposo tenía su tiendita, mis hijitos iban a la escuela y todo, pero yo curaba a dos, tres o cinco niños, porque entonces venían muchos y había que curarlos”, recuerda, quien tuvo tres hijos, dos hombres y una mujer.

Precisamente, su única hija mujer es quien ahora la apoya en el oficio que le ha dado fama, pues doña Gude reconoce que su fuerza ya no es la misma, por lo que Mercedes, su hija, prepara el té y lo necesario para la curación, mientras ella se alista para sobar.

A pesar de su edad, doña Gude sigue siendo productiva en el oficio que durante tantos años le dio satisfacción y que ahora hasta le sorprende, pues niños a los que curó regresan con sus hijos para que también sean sobados por sus manos.

Curar para sentirse útil
En este trabajo sus hijos la respaldan, pues se han dado cuenta de que además de ayudar a las personas, el atender a los niños la mantiene ocupada y lo más importante: la hace sentirse útil.

Las anécdotas
A través de los años, esta miahuateca ha vivido muchas anécdotas con los pequeños a los que cura, como cuando le llegó una niña “terriblemente” inquieta, pero que calmó con oraciones al Espíritu Santo; o la vez que atendió a un niño grande que seguía tomando leche de su mamá, a quien le untó barro en el pecho, lo que provocó asco en el pequeño y dejó pedir leche materna.

Doña Gude también recuerda la vez que una madre muy afligida, oriunda de una ranchería del distrito, acudió a ella con su niño y una radiografía en la que se veía la moneda que su hijo se había tragado, por eso estaban a punto de operarlo porque no había forma de sacarla, por lo que su última esperanza era que doña Gude lo tratara, “vamos a curarlo, primeramente dios, le hice el té, le sobé su pancita y le puse el barro”, rememora, además le pidió a la señora que al otro día le llevara al niño para ver qué había pasado, “al otro día vino la señora feliz, me abrazó y dijo: ‘¿qué cree? ya arrojó la moneda’’”.

Doña Gude cuenta que hay personas que le llevan a bebés recién nacidos porque no dejan de llorar, pacientes con los que tiene mucho cuidado y a quienes les da solo unas cuantas gotitas de té, que son suficientes para calmar la inflamación estomacal, que es lo que les provoca el llanto.

“Todavía curo a mis niños, todavía, ya mi hija es la que me hace todo, yo nada más les doy su sobadita”, dice sonriente doña Gude, sentada en su banca, al lado de los santos que la ayudan en sus curaciones.

Doña Gude curando.
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Karla López
Karla López
Es periodista. Estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha dirigido noticiarios radiofónicos en Miahuatlán; ha sido editora en los periódicos El Libertador de Oaxaca, Capital Oaxaca y coordinadora de la edición del diario Tiempo de Oaxaca. También ha trabajado en medios digitales. Actualmente estudia la maestría en periodismo político.
http://estrechezintelectual.wordpress.com