El Miahuatlán de antaño

Recordar los tiempos antiguos provoca un constante suspirar en quien se adentra en el pasado, eso le sucede a la maestra Elizabeth Cruz Ortiz, auxiliar de la biblioteca pública municipal, quien en los años cincuenta era una niña que vivía en Miahuatlán de Porfirio Díaz.

En el marco de los 150 años de la batalla del 3 de octubre de 1866, la maestra rememora cómo se festejaba antes de que los tiempos cambiaran tanto, “era muy bonito porque el 3 de octubre a las 4 de la mañana salían las bandas a tocar Las Mañanitas en todititido el pueblo, además en las calles se veían como 30 o 40 arcos”, cuenta, pues la ocasión era vista como el cumpleaños del pueblo.

Recuerda también que anteriormente el presidente municipal en turno solicitaba, a través de perifoneo, a los habitantes de Miahuatlán que adornaran las fachadas de sus casas con motivo de las fiestas del 15 y 16 de septiembre, 1, 2 y 3 de octubre, por lo que el pueblo en su mayoría estaba lleno de pendientes patrios, incluidas ramas de laurel.

De acuerdo con la maestra Elizabeth, la primera reina del 3 de octubre, electa en 1937, fue María del Carmen Ramírez Bohórquez, miahuateca que actualmente tiene 93 años y que 38 años después vio coronar a su hija María del Carmen López Ramírez.

Y es que las reinas o señoritas 3 de octubre eran un elemento principal de los festejos, por lo que la elección de la representante de cada año generaba ilusión en algunas muchachas y hasta cierta rivalidad, ya que entre dos señoritas, y sus comités, se disputaba el título, a través de la recolección de dinero, finalmente la que juntaba más era la reina y el segundo lugar, la princesa.

Cuenta la maestra que la noche del cómputo en las casas de las candidatas se hacían tamales o cenas y existía la tradición de quemar una rueda; en donde vivía la ganadora sonaba la primera para avisar al pueblo que era la elegida, además la princesa iba a casa de la reina a felicitarla.

“La gente decía dónde sonó la rueda, por barrio abajo, por barrio arriba, esa ganó y todos iban a felicitar a la reina. Después metieron duquesa, no sé por qué, si sólo eran reina y princesa”, comenta.

“Los vestidos de las reinas eran blancos, muy bonitos, con su capa roja. La princesa no llevaba capa y usaba una diadema chiquita para distinguirla de la reina, que llevaba una corona grande, últimamente les pusieron a las princesas unas coronotas, la fiesta ya se volvió un revoltijo”, sostiene.

Anteriormente los carros alegóricos en los que se transportaba la reina durante el desfile eran adornados de diversas formas, al gusto de la elegida de ese año, bien podía ir entre una azucena o en un cisne hecho de papel.

“Alquilaban un camión grande y ponían el trono dorado de la reina arriba que era una silla especial y acoljinada, tipo imperio, a los pies de la reina iba la princesa”, cuenta, además agrega que, “el 3 de octubre se rompía el baile en medio del jardín, la serenata alrededor y daban las 2,3 o 5 de la mañana y la gente no se quería ir”.

La maestra recuerda que en los años 50, cuando era una niña, las reinas ya iban montadas en caballo a La Pilastra, con la característica de que se ataviaban con una capulina, luego llegaban al centro, daban vueltas en el jardín y después se alumbraban con ocotes encendidos y salían en cabalgata a recorrer las calles del pueblo, acompañadas de más jinetes, al grito de ¡viva Porfirio Díaz!.

Otra añoranza de la maestra Elizabeth es la forma en la que se realizaba la serenata de la noche del 3 de octubre en la que sólo se usaban confeti y serpentinas, una ocasión ideal para el cortejo mediante el paseo por el jardín municipal, “los hombres iban pegando ojo a ver a quién iban a enamorar, porque las enamoraban, y a la primera vuelta le vaciaba su bolsa de confeti, a la segunda otra y así, a la cuarta vuelta era porque ya iban juntos, cuando la muchacha llevaba la rosa en la mano era porque ya estaba aceptando ser su novia”.

*En la foto aparece Layita Ramos en su carro alegórico cuando fue princesa del centenario de la batalla, en 1966. De la colección del escritor Adán Carballido. 

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Karla López

Periodista

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