Talla de madera, el arte popular de Miahuatlán

Víctor Javier Bustamante Herrera nació en Miahuatlán de Porfirio Díaz el 22 de agosto de 1983. Es un artesano que se dedica a la talla de madera, entre otras actividades relacionadas con las artes plásticas. De cabello más largo de lo común en los hombres, rizado y suelto, de complexión delgada, casi siempre calza guaraches.

Nació en una familia donde afirma no hay más artesanos, sin embargo, sabe que su bisabuelo se dedicaba a hacer peines de madera y sus abuelos trabajaban la piel, tiene 3 hermanos y sus padres actualmente están separados.

Sobre el arte popular al que se dedica opina “el conocimiento tradicional es totalmente ecológico y es reforzar nuestras raíces, nuestra identidad como pueblo. Muchos problemas se originan porque perdemos de vista nuestro pueblo, nuestra tierra, nuestra gente, nuestros niños y cuando se pierde de vista eso pues lo demás ya no importa, yo creo que eso es lo más valioso: la gente, el pueblo, las tradiciones”.

Desde que nació, este joven miahuateco ha vivido a orillas de un arroyo, aunque su incursión en el arte fue hace no mucho (cuando tenía 23 años), considera que desde niño mostró interés por la naturaleza “el arroyo traía muchas cosas bonitas, piedras, en las mañanas cuando acababa de llover quedaba limpio y yo salía a correr y a veces hasta se me hundían los pies, me acuerdo que me encontré una pieza arqueológica de una carita y muchas cosas que salieron de ahí del arroyo: basura, me ha gustado también jugar con basura”, comenta.

Los años de la adolescencia para Víctor no fueron fáciles, cuenta que después de terminar la secundaria, sus padres lo animaron para que presentara examen en la Universidad Autónoma de Chapingo, y de aprobarlo iniciara sus estudios de bachillerato ahí.

Pasó el examen y  tuvo que trasladarse al estado de México a seguir estudiando. Al faltar sólo un semestre para concluir el bachillerato en Chapingo, sucedieron en su vida personal cuestiones que no lo dejaron continuar su estancia fuera del estado y tuvo que regresar a Miahuatlán.

En el tiempo que estuvo lejos de su familia, Víctor reconoce que una de las cosas con las que tuvo que lidiar fue con la soledad, “probé la droga y me empecé a perder, tuvimos problemas bastante fuertes, es doloroso contarlo, pero a lo mejor también es conveniente porque hay muchos chavos que igual cargamos ese pasado oscuro  cuando en realidad lo que  tenemos que hacer nada más es superarlo y crear un presente nuevo, un presente de luz, un presente de cosas positivas y al final usar esas derrotas como experiencia” confiesa.

De regreso a su lugar de origen, el bachillerato lo terminó en el COBAO. Los cambios emocionales y las decisiones que tomó en aquellos años, Víctor se los atañe a  “a la búsqueda de identidad” que lo absorbía en ese entonces.

Incursión en el arte

En los andares del arte se inició en 2006, cuando llegó a la casa de la cultura de  Miahuatlán  de Porfirio Díaz, que se encontraba tomada por manifestantes.  Recuerda Víctor que en aquel tiempo en Oaxaca estaba latente el problema de la APPO y la lucha magisterial.

Ahí fue donde encontró a quien reconoce como su maestro: Marciano Agudo Canseco, originario de San Miguel Coatlán, Miahuatlán, “él me empezó a jalar, a motivar, excelente maestro, tiene un carisma muy singular que me atrapó, cuando vi sus obras quedé maravillado de lo que hacía” cuenta.

Desde ese año, el artesano se ha mantenido activo: inició con la miniatura y durante 12 meses estuvo con el maestro Agudo, siguiéndolo y aprendiendo, después comenzó a tallar madera en bloque, madera gruesa y ahora trabaja también con barro.

Confiesa que le hubiera gustado tener contacto directo con el arte a más temprana edad, como los niños que ahora él mismo orienta, pero aun así “siento que estoy hecho para eso nada más y voy a tratar de que  todo lo que haga con respecto a mi vida va a ser entorno al arte, ya no hay marcha atrás”.

Tallador y tallerista

Actualmente Víctor se dedica enseñar sus técnicas a niños. En su casa  acondicionó un pequeño  taller “a mí me gusta expresar mis sentimientos en la madera, en el barro y ver la cara de felicidad de los niños cuando por fin logran terminar un trabajo que les costó bastante aprender”.

Además de compartir el conocimiento y técnicas que domina, realiza “encarguitos, que un dibujo, que una pintura, que algo para los maestros, trabajamos el papel, un poquito la soldadura, el carrizo, estamos abordando el barro, rótulos, lo que se pueda, la cosa es que el cliente quede satisfecho”.

Con treinta años cumplidos Víctor, se considera más bien autodidacta, acepta haber asistido a algunos talleres, pero confía en que se tiene que practicar y adentrarse en uno mismo para poder crear, “el que lo trae ya lo trae, también se puede enseñar, pero cuando es lo tuyo no hace falta el maestro nada más hace falta la información y tantita motivación”, asegura.

A este artesano miahuateco lo que le interesa es la herencia prehispánica, lo popular y tradicional, además asegura andar en la búsqueda del barro perfecto, “de las tierras de colores.”

Víctor Javier, vive con su pareja con la que hace 9 meses se estrenó como papá, con quien además de esta experiencia comparte el gusto por el arte, ella toca el teclado y además canta.

“Conciencia  ancestral”

El 9 de agosto de 2013 el Museo Estatal de Arte Popular de San Bartolo Coyotepec, en coordinación con la organización FOFA (Friends Of Oaxacan Folk Art) premiaron a Víctor, tras obtener el primer lugar en la  tercera edición del Concurso para Jóvenes Artesanos del Estado.

El tema de ese año fue la madre tierra y Víctor presentó su pieza tallada en madera en la que trabajó durante tres meses y a la que llamó “conciencia ancestral”.  De este premio el artesano miahuateco confiesa que le genera felicidad  “y quisiera  utilizarla para hacer proyectos porque son sentimientos y hay que usarlos ahorita que hay”.

conciencia ancestralSegún su tallador, conciencia ancestral es “una mujer, tal vez una anciana que trae en sus manos algo así como una pelotita, visiblemente es una esfera, para mí representa ese don que da la naturaleza al hombre que puede ser simplemente desde el hecho de poner los pies en el suelo, de no salir volando en el infinito. Simplemente el sustento, eso, creo que es la palabra más adecuada el sustento del hombre”.

Confiesa que el trabajar con esta pieza le gustó mucho “traté de echarle todo lo que tenía para lograr ese premio, en mi mente nada más estaba la palabra ganar, ganar pero con trabajo pues”.

Platica Víctor que por su trabajo no siempre le llega el dinero, sin embargo, no lo ansía siempre va con la fe de que “la conciencia suprema proveerá”, lo único que le preocupa es que su familia tenga algo qué comer porque por él “no hay problema”.

El joven artesano no tiene facebook ni twitter y tampoco conoce el trabajo de artistas de vanguardia o de talla internacional, la única relación que tiene con internet es su correo electrónico para mantener contacto con gente de FOFA.

Los premios

En su corta incursión como tallador de madera, Víctor ganó en 2010 el segundo lugar en el concurso estatal Benito Juárez con la pieza que tituló “la suma de todos los esfuerzos”, en 2011 obtuvo el primer lugar en el concurso jóvenes artesanos de Oaxaca, la pieza ganadora de ese año la llamó “mujer nahual” y en 2013 volvió a ganar ese mismo concurso: la pieza es “conciencia ancestral”.

Todas las piezas ganadoras han sido talladas en madera y actualmente se encuentran, excepto la recién premiada, en el taller de Víctor en Miahuatlán.

A pesar de que creció en una familia católica y creyente, asegura tener una concepción no dogmática de la vida “creo que existen poderes más allá de nuestro entendimiento, yo quiero pensar que es así: que un dios creador, que una conciencia suprema hizo todo esto para que yo pudiera llegar a este punto. Siento que puedo encontrar incluso una cura a mis males a través del arte”.

Víctor se siente satisfecho con cada una de las cosas que hasta ahora ha hecho, piensa en seguir elaborando proyectos y poco a poco en medida de lo posible crecer. Seguir compartiendo lo que sabe y poder por fin financiarse un buen taller, donde además de artes plásticas, haya cultura y libros “que viva el arte, que viva la libertad de pensamiento, que viva en nuestros jóvenes en nuestros niños, que florezca la creatividad y el pensamiento fluido, la libertad y la naturaleza”

Karla López
@lorakar

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