Fiestas octubrinas: identidad o desmemoria

Miahuatlán como pueblo ancestral ha sido escenario de innumerables acontecimientos a lo largo de su historia, ha protagonizado eventos sociales y naturales diversos de los cuales hemos hablado de sobra, ensalzando su trascendencia y se han configurado como elementos culturales para la identidad de los que aquí vivimos.

Nuestra comunidad desde su remota fundación es un lugar atractivo por su riqueza cultural, natural y comercial, lo que ha despertado la codicia de ejércitos invasores por su territorio, en los anales de la historia resalta la intentona de los pueblos mixtecos por disputarnos estas tierras, lo que terminó en la parcial destrucción de “gueche too” Pelopenitza.

Años después llegaron los espías de Moctezuma y con ellos la fama de nuestro señorío llegó a Tenochtitlán que sentenció nuestro destino: nos sometieron y pasamos a llamarnos Miahuatlán, luego vino el ejército barbado montado en bestias trayendo como carta de presentación la cruz con un dios crucificado y sus armas de fuego, ellos destruyeron todo apoderándose de lo nuestro, nos tuvimos que mezclar, nos acostumbramos a vivir con ellos y nos pusieron como nombre San Andrés.

Cientos de años después la maldición se repitió, llegó de tierras remotas el ejército más poderoso del mundo de aquellos tiempos con la pretensión de apropiarse de nuestra nación aniquilando a los leales mexicanos que resistían, vinieron hasta estas tierras del maíz para acorralar al soldado de la patria, pero los cuerudos les propiciaron una de sus más terribles derrotas.

De este último acontecimiento, los miahuatecos cada año rememoramos su aniversario y en unos días más conmemoraremos los 150 años de la gesta histórica, para lo cual los festejos que se tienen programados se anuncian con pomposidad y buena expectativa, se han anunciado eventos cívicos, militares, culturales, deportivos, sociales, etcétera, todo está cocinándose para dejar un buen sabor de boca e incrustar en la población una imagen diferente de la administración municipal encargada de realizarla para cerrar tres años de un gobierno municipal cuestionado, que no ha cubierto, como otros que le antecedieron, las esperanzas de cambio y progreso en el municipio.

Desde tiempos de los emperadores romanos al pueblo se le contenía con pan y circo, mientras se desatendían sus necesidades básicas. En la cercanía de la celebración del tres de octubre, es muy delgada la línea que separa conmemorar el aniversario de manera digna y caer a los propósitos que perseguían los emperadores romanos. Por eso me pregunto, ¿qué de relevancia tiene que sean 100, 150 o 200 años? Yo no encuentro ninguna, cuando que las condiciones de atraso social que vivimos en Miahuatlán nos rebasan y todos hemos contribuido para que se generen, ¿conmemorar con bombo y platillo 150 años haciendo suntuosos eventos superará las carencias que vivimos? Por supuesto que no, son acciones de relumbrón para intentar dejar otra imagen de la extraviada administración municipal actual.

Por supuesto que es importante seguir fortaleciendo el aspecto cultural del pueblo, reforzar la identidad que bastante falta nos hace, allegar de eventos de calidad a los habitantes que poco gustan de este nivel de espectáculos, enhorabuena, pero todo ello son necesidades secundarias, cuando hayamos como pueblo cubierto nuestras necesidades primarias estaremos en condiciones de alimentar el espíritu.

En el umbral de la “gran celebración” muchas personas que realmente amamos esta tierra y en nuestras acciones cotidianas lo demostramos, estamos a la expectativa por el rumbo que va a tomar el 150 aniversario, hasta el día de hoy, en que escribo esta nota, no he tenido acceso a la programación y ya faltan 4 días, sin embargo, hay que reconocer los esfuerzos por hacer un buen evento, he escuchado de la realización de excelentes conciertos musicales, obras de teatro, exposiciones, etcétera, ojalá que los organizadores estén a la altura en la realización de los mismos.

Otro de los atractivos que tiene particularmente nuestra fiesta es la colocación de arcos por las calles del centro, hacemos votos para que no se repita el triste espectáculo vivido hace dos años cuando se descuidó totalmente este aspecto, colocando arcos mal hechos, vulgares, que se caían con solo tocarlos, un triste espectáculo ocasionado por una dirección municipal más preocupada en difundir su imagen que llevar a buen término esa actividad, daba vergüenza verlos sostenidos de donde se pudiera y medio forrados en las calles, preferible no colocar ninguno a pasar esa afrenta, recobremos y participemos con alegría en todo el ritual que implica la “parada de arcos” .

En verdad los miahuatecos esperamos que la festividad recobre la dignidad que le hemos restado, que los ciudadanos nos comportemos a la altura devolviéndole la grandeza al evento, participando con respeto, repensando nuestras actitudes, no queremos ver ebrios en la cabalgata que pretendiendo lucirse en caballo ajeno denigran el motivo de la conmemoración y ponen en peligro a nuestras familias.

Al mismo tiempo hacemos votos para que nuestras “flamantes” figuras políticas no perviertan el evento haciendo de ella una ridícula pasarela de políticos devaluados vestidos de pueblo para promover su triste imagen, como ocurrió el año pasado donde vimos protagonismos francamente grotescos. A todos nos corresponde hacer de nuestra fiesta cívica un verdadero acontecimiento de fervor patrio, revisemos con nuestra familias, en nuestras escuelas, en los espacios públicos y en los medios de comunicación la historia de la comunidad, escudriñemos en los libros históricos, platiquemos con los abuelos, construyamos una nueva narrativa con verdadera identidad.

Ser miahuateco no es vestirme de vaquera o vaquero, con buenas botas, camisa a cuadros, tejana y si me alcanza el dinero hacerme acompañar de una banda de música y suficientes latas de cerveza; ser miahuateco implica mucho más, pero sobre todo conocer mi historia y devolver la dignidad al festejo, honrar de verdad a los héroes del tres de octubre que lucharon por defender la soberanía nacional, eso que muchos de nosotros ni idea tenemos de lo que se trata.

Exhorto a las autoridades a hacer a un lado protagonismos, evitar cuadrillas de invitados que ni una vaga idea tienen de la razón del evento y solo lo utilizan para lucirse, presumir sus caballos, además de embrutecerse con alcohol, ustedes son los directamente responsables de la realización y buen término del evento, queremos ver una fiesta cívica en orden, con respeto y dignidad en la cual participaremos los ciudadanos poniendo nuestro granito de arena para lograrlo.

Viene una gran lista de pequeños y grandes eventos durante varios días, no olvidemos que estaremos en la mira de miles de gentes, por lo cual nuestro mejor esfuerzo y compromiso se traducirá en beneficio para nuestro pueblo.

A 150 años de la gesta heroica donde Porfirio Díaz,  durante el gobierno de Benito Juárez, intentó expulsar las intenciones del gobierno monárquico por instaurarse en el territorio nacional, veo que no hemos aprendido de la historia, acudiremos a una ceremonia de coronación de una reina acompañada de una corte imperial, cruel contradicción: cuando Díaz a toda costa en su etapa de soldado de la patria luchó por desterrar esa forma de gobierno de nuestro país y, precisamente en esta tierra donde se gestó el triunfo de la república seguimos perpetuando, en una simulación pobre con pajes, heraldos y edictos de rancho; en fin, como costumbre ha pasado a formar parte de nuestro pueblo, pero debemos reflexionar sobre este hecho.

A punto del festejo vemos un pueblo que refleja atraso en obra pública, no me van a dejar mentir, en las calles por donde pasó el desfile y la cabalgata hace un año los baches fueron rellenados con tierra principalmente para que los caballos no se torcieran las patas, este año veremos lo mismo, aunque nosotros padezcamos día a día el mal estado de las mismas; luciremos un centro destruido, lleno de zanjas hechas por la regiduría de obras, baches que parecen pozos y un desorden generalizado en la vía pública enmarcarán los 150 años de la batalla del tres de octubre.

Es el momento que este gobierno municipal se despida con algo de dignidad. Esperemos que la celebración del evento logre que olvidemos por unos días nuestra realidad como pueblo, que ignoremos los extravíos de esta autoridad que no estuvo a la altura de nuestras esperanzas y que dejarán un Miahuatlán muy similar al que recibieron. Están por concluir tres años de lo mismo y lo que nos viene en los próximos no es diferente, pero sigamos en nuestros sueños, celebremos la más grande fiesta cívica, como se anuncia, de todos los tiempos.

Jaime Hermes

La postura del autor no necesariamente refleja la línea editorial de Ojo de Agua, sin embargo, respetamos sus planteamientos. Las opiniones de nuestros colaboradores son, entonces, resposabilidad de cada uno de ellos. 

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