Violencia de género en Miahuatlán 

Por Jaime Hermes*

No hay acción más denigrante para las personas que sufrir discriminación, violencia y menoscabo de sus derechos humanos. En una sociedad cada vez más impregnada de valores decadentes y carentes de aprecio a la condición humana, las diferencias por rasgos culturales, de raza, religión, económicas y sexuales han sido motivo de menosprecio, segregación y violencia hacia las personas.

No hemos asimilado que la diversidad enriquece la vida social por lo cual todo lo diferente sigue sufriendo vejaciones a lo largo y ancho del planeta. Mujeres y hombres sin distinción debemos estar a la par en derechos, oportunidades de desarrollo, como también vivir armónicamente en nuestro entorno sin sufrir ningún tipo de violencia.

Con esta perspectiva debemos forjar una nueva cultura de convivencia entre los sexos como el pilar fundamental para el desarrollo de las sociedades, nos exige reconocer la realidad que hemos vivido mujeres y hombres, concientizarnos de la discriminación sufrida a la largo de la historia, así como reconocer las causas de esa realidad y por ende ser conscientes de las desigualdades que vivimos a diario; el género es una construcción social, histórica que refleja relaciones de poder entre los sexos y que trae consecuencias en las formas de convivencia.

Somos una sociedad patriarcal donde la coexistencia de los sexos se define por relaciones de discriminación, invisibilización y violencia, el predominio de los hombres sobre las mujeres está tan naturalizado en la psique colectiva de la población que ha llegado a institucionalizarse. Por ello hemos construido una red de protección entre hombres que se evidencia en la vida de las comunidades, utilizamos toda clase de herramientas y argumentos para justificarnos unos a otros. Esta cultura patriarcal origina el machismo que no respeta esferas sociales, ha permeado en cada fibra de nuestra humanidad  incrustándose en la ideología de las personas.

Miahuatlán no es la excepción ante esta problemática, nuestra comunidad se ha caracterizado por una cultura machista donde la superioridad del hombre se da por hecho, reduciendo la participación de las mujeres que luchan por romper con esas ideas naturalizadas en nuestra sociedad. Queramos o no, nuestra comunidad por costumbre ha relegado a la vida privada con todas sus prohibiciones a las mujeres dejando todo el derecho de la vida pública con todas sus libertades a los hombres, eso ha traído consecuencias terribles en la vida social de nuestro pueblo.

En los últimos tiempos se han incrementado los casos de abuso sexual, violencia intrafamiliar, acoso sexual en vía pública y feminicidios, solo basta escuchar la radio, leer la prensa o buscar los archivos en los medios electrónicos sobre los terribles acontecimientos que se han dado en esta tierra durante los últimos meses, tantos casos sin resolver, tantos otros denunciados y sin seguimiento, pero lo más preocupante es la cantidad de delitos por razones de género que no se denuncian debido al miedo, vergüenza o simplemente por desconfianza a las instancias de impartir justicia que no tienen el mínimo interés ni la sensibilidad para atender estos casos, que en vez de apoyar a las víctimas se convierten en un segundo victimario, señalando y hasta culpando a las agredidas por lo sucedido.

Por si fuera poco, últimamente se han dado casos de acosadores sexuales jóvenes que han atacado a mujeres que por necesidad regresan a sus domicilios en la noche, dichos sujetos rondan a pie o bicicleta calles poco iluminadas para violentarlas tocándoles con toda perversidad el cuerpo, hecho que constituye una completa violación a la integridad de las mujeres y configura un delito que nunca se castiga, este acto es violencia de género causada por varones de la comunidad ante la complacencia de la misma sociedad, de las mismas familias, de las mismas autoridades, porque son individuos que forman parte de hogares resultados de una formación ciudadana en la que todos compartimos créditos.

Si una mujer es violentada los culpables somos todos por callar, por no educar, por no auxiliar o por no denunciar, la sociedad en su conjunto somos los directamente responsables de que esto cambie o siga igual, si no hacemos nada tengamos la certeza de que en cualquier momento una mujer que puede ser nuestra madre, hija, compañera o amiga puede ser violentada. Cabe preguntarnos si estamos dispuestos a permitirlo, no es posible que la sociedad miahuateca, que se dice cada vez más vanguardista, siga permitiendo tan aberrantes hechos.

Esto es resultado de la decadencia de valores en las familias, en la sociedad misma, de la desvalorización de la calidad humana; desde nuestra cultura estamos permitiendo estos atropellos convirtiendo a las mujeres en objetos, en pertenencias, seres sin poder de decisión y dignidad, esta idea urge que vaya desapareciendo.

Si Miahuatlán vive dentro de una cultura patriarcal que ha violentado la interacción de los géneros, el machismo debe dejar de ser nuestra forma de vida y pensamiento, debemos como comunidad cambiar la idea de sociedad donde los hombres dictamos reglas y las mujeres obedecen, avancemos juntas y juntos para construir un Miahuatlán de respeto, de equidad y seguridad, donde caminar por nuestras calles con tranquilidad sea una realidad, donde hijas, esposas, madres, amigas puedan caminar libremente porque estamos en un país libre y lo garantizan las leyes mexicanas, eso lo lograremos inculcando valores en las familias, buena formación en las escuelas, ciudadanía en los foros comunitarios, cultura en los medios de comunicación y cuando las autoridades municipales también retomen la parte que les corresponde.

Sabemos que la violencia hacia las mujeres se “permite” desde las costumbres sociales, los códigos legales, la ley, la religión, desde ahí hay un permiso explícito para ejercerla, pero si queremos podemos buscar en conjunto alternativas para terminar con la violencia de género que se vive en la sociedad miahuateca, desmantelemos estructuras psíquicas y sociales que nos permitan a mujeres y hombres convivir en equidad, edifiquemos una nueva cultura de interacción y respeto entre los sexos en un Miahuatlán libre de violencia.

Hagamos una gran cruzada para lograrlo, vayamos cambiando nuestras formas de pensar y de relacionarnos entre mujeres y hombres, porque ninguna sociedad podrá avanzar mientras una mujer sea violentada. Organicémonos como ciudadanos para no permitir ningún acoso sexual, denunciemos a los violadores, evidenciemos a los que violentan, hagamos pública la identidad de los que andan tocando a las mujeres en las calles del centro y de los barrios, perdamos el miedo, contribuyamos a hacer de nuestro pueblo un lugar seguro para todas y todos.

*El autor es profesor y mediador de salas de lectura.

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