Historia de Jacinta, una mezcalera miahuateca

Es lunes y en Miahuatlán de Porfirio Díaz, municipio de uno de los distritos productores de mezcal en la sierra sur del estado de Oaxaca, es el día de plaza. A esta cabecera municipal llegan cientos de comerciantes de las diferentes rancherías tanto a vender como a comprar. Todos los lunes del año las principales calles de esta ciudad lucen llenas de puestos, gente, verduras, frutas, comida y flores.

En la esquina que forman las calles Mariano Escobedo y Riva Palacio se encuentra un pequeño e improvisado puesto lleno de ánforas de plástico, un embudo y muchas botellas vacías de refresco o agua.

En una silla está Jacinta Jiménez, quien acepta hablar del mezcal que vende y que produce. Ella es un ejemplo de los muchos que existen en su comunidad, San Luis Amatlán, perteneciente al distrito de Miahuatlán; como muchas mujeres, es la fuerza de trabajo en su hogar, por una u otra razón es ella quien ve la forma de cómo sacar adelante a sus hijos  porque con el apoyo de su marido de plano no cuenta.

Tiene 44 años, aunque su rostro aparenta un poco más, tuvo 6 hijos entre ellos una niña con discapacidad, lleva 27 años casada con un hombre 6 años mayor que ella.

-Si pudiera cambiar algo de su trabajo, ¿qué sería?, le pregunto

“Pero qué le puedo cambiar.  Antes tenía yo una tiendita  pero me va mal hay gente que dice dame, me lo anotas dentro de ocho días y viene al mes. Fíjese que es un problema,  empecé a matar pollo, y ya con eso me pongo a vender en el mercadito pues ya saco aunque sea  otros 200 pesos de ahí,  y es que los gastos son por mi niña, pero gracias a Dios ahorita ya el gobierno me apoyó, le van a dar ayuda cada dos meses, porque la licenciada del DIF me ayudó mucho.”

La mayoría de familias que se dedican a producir y vender mezcal tienen que buscar otra entrada de dinero pues con lo que ganan por destilar maguey no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas.  El caso de Jacinta no es la excepción: se dedica al comercio de otras cosas, también siembra cilantro, tomate, ajo, mata pollos y vende mezcal. Juntando todo completa sus gastos.

Jacinta es el principal sustento de su familia y participa activamente en la  elaboración del mezcal “mi esposo toma, le gusta tomar y yo tengo que estar  echándole leña, atizando pues para que caiga el mezcal, porque él toma mucho, a  veces tenemos mozos y él se emborracha con los mozos y se duerme, entonces yo  tengo que participar.”

Jacinta se sienta, escucha atentamente las preguntas y contesta con sincera naturalidad, sin detenerse a pensar qué es lo que va a decir.

 

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-¿Su esposo consume el mezcal que produce?

“Sí.  Él es alcohólico, él toma mucho. Como platicamos con mis hijos ya no podemos hacer nada no lo hizo de joven que dejó de tomar menos ora que es grande.  Él dijo que iba a dejar de tomar, pero fue mentira porque así se la pasó. Él toma del diario, es alcohólico del diario, si se va a trabajar, lleva mozos él se lleva su mezcal primero.  Cuando toma ya no come. Qué le vamos a hacer, le decimos mira no te conviene tomar, si vas a trabajar estoy de acuerdo  de que te lleves fruta, un refresco, un jugo algo que comes, pero no mezcal.” Jacinta acepta con resignación el alcoholismo de su marido pero, ha pensado en dejarlo sin embargo son sus hijos los que la mantienen junto a él.

También me platica de su hija discapacitada que para ella no es una carga, lo único que ha buscado es un poco de apoyo “mi niña es sordomuda, ella no habla. Ahorita ya aprendió a ir al baño, a caminar porque no caminaba”

La niña tiene 7 años y Jacinta asegura que el médico que la atendió  le dijo que la discapacidad se produjo debido al alcoholismo de su esposo, después de que nació  su hija sordomuda y debido a la poca información sobre métodos anticonceptivos que hay en su comunidad, Jacinta tuvo un hijo más “tenía yo cuatro (hijos) para los cinco nació ella enferma,  y de ahí pues yo no me quise operar porque no tenía quien me cuide, entonces me quedé así y me embaracé luego del otro niño, decían los doctores  va a nacer igual ese niño, a ver qué va a hacer con dos así. Y gracias a Dios que no, nació bien ahora ese niño me ayude porque él enseñó a la niña a caminar, a que la lleve al baño, a comer, a todo.”

La señora ha soportado el alcoholismo de su marido desde hace 27 años, cuando se casaron. Confiesa que el dinero muchas veces ha sido la causa de problemas entre ellos  “me dice dame dinero, le digo dónde voy a traer yo el dinero, yo le digo vendo mi mezcal, pero voy apartar poquito porque tengo  que hacerlo tantos: voy a comprar maguey, voy a comprar la leña para que aunque sea  un poquito que trabaja el chiste es que se va a invertir”

No le da dinero pero para que se calme y no haya problemas y discusión le da 2 litros de mezcal, cuenta que a veces se termina hasta tres litros a la semana, y cuando no tiene se lo va a comprar con tal de que no se salga y ande borracho en las calles del pueblo.

“Yo les he dicho a mis hijos  porque estoy buena y por ustedes no lo he dejado ni me voy, siento al muchacho (su hijo más pequeño), me voy se va a meter  un vicio o no va a comer o qué va hacer.”

Jacinta acepta que con lo que gana produciendo mezcal, no le alcanza para vivir como a ella y a sus hijos les gustaría, pero “ahí aunque sea para comer para el día, que diga usted que va a quedar mucho dinero, pues no”

Desde hace 27 años viene a esta plaza del día lunes a vender, el resto de la semana lo utiliza en hacer otras cosas en su comunidad o si es tiempo de calor se pone a trabajar el maguey.

A esta mujer miahuateca no le gustaría que sus hijos se dedicaran a producir mezcal porque  “es un trabajo muy pesado” por eso los motiva a que estudien.

Jacinta es una mujer muy trabajadora y atenta con los clientes, en cuanto una persona se para a

fisgonear su puesto ella ofrece la prueba de su mezcal, dice que es del bueno y lo invita a uno a probar.

Al contrario de la gente que lo toma por tradición y en fiestas especiales como día de muertos dice que su marido toma porque le gusta y cuando sea. A pesar de  vender y  hacer  mezcal ella jamás ha tomado una copa, ni siquiera para probar, porque dice  no la educaron así.

Asegura que le gustaría comprar máquinas que facilitaran el trabajo pero cree que son muy caras y no puede acceder a ellas.

Son las cuatro de la tarde y en dos  horas Jacinta espera haber terminado las ánforas de mezcal que trajo para regresar a San Luis con unos cuantos pesos aunque sea para comer…

Como la de Jacinta, se cuentan decenas de historias en las comunidades mezcaleras que pertenecen al distrito de Miahuatlán en el estado de Oaxaca. Pareciera que la vida en el ambiente rural es una constante lucha por sobrevivir. El mezcal que se produce en estas tierras no sólo retrata la cultura de estos pueblos, también emborracha cristianos y da de comer a maestros mezcaleros, mozos y sus familias: miahuatecos que cuentan sin reservas su duro trabajo diario y la poca ganancia que les genera el destilar mezcal.

 

About the Author

Karla López

Es periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha dirigido noticiarios radiofónicos en Miahuatlán; editora en los periódicos El Libertador de Oaxaca, Capital Oaxaca y coordinadora de la edición de Tiempo de Oaxaca. También ha trabajado en medios digitales. Actualmente estudia la maestría en periodismo político.

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